Leopoldo es nuestro símbolo

LEONOR PEÑA I 24 DE DICIEMBRE DE 2016

*Este artículo fue escrito especialmente para el Boletín sobre Presos Políticos que semanalmente elabora el movimiento de ciudadanos Acción por la Libertad y que con orgullo reenvío a mis lectores. Este boletín es una referencia de dignidad en defensa de ellos, que como Leopoldo, están pagando con cárcel y torturas la resistencia al régimen. 

En la cárcel que secuestra al líder pero no al símbolo, en Ramo Verde, nombre que  significa renacer, como el bíblico ramo de olivo que anunció  vida en medio del diluvio, Leopoldo forja su voluntad y su espíritu, disciplina su cuerpo, mantiene su fe y nos envía la lección de su fortaleza.  Leopoldo es nuestro símbolo

Sus carceleros, ensañados lo arrinconaron en la soledad de una torre blanca, paradoja que representa la sombra negra de esta dictadura. Leopoldo, preso del régimen, vive y resiste en su estrecha celda. En lo alto una ventana también estrecha, le recuerda otra ventana por donde en otros días podía asomarse a liberar su grito de protesta. A enviarnos para seguir estando entre nosotros, su rostro detrás de los barrotes, captado en una fotografía. Cada noche, en su ventana recibe como en un muelle celeste,  las visitas del firmamento estrellado de Caracas. Emprende travesías por consteladas rutas. Argonauta forjando sueños de libertad continúa el viaje y proclama el mensaje que enuncia su libro: que está Preso pero libre. Leopoldo es nuestro símbolo de  libertad

En Ramo Verde,  con fuerza y fe, ratifica su lección de resistencia enviando palabras como ramos de olivo. Hasta nosotros llegan sus palabras. Palmas aladas que envía con orgullo el palmero mayor,  mientras carga sobre sus hombros como ramo bendito de Semana Santa, su liderazgo incansable, reafirmando su consigna: El que se cansa pierde.  Leopoldo es el símbolo de la resistencia

Con dignidad estoica lleva su claustro,  aislamiento infame que antes que doblegarlo lo fortifica.   Con dignidad  resiste  la locura que ronda entre sus carceleros, y responde con dignidad la mezquindad que lo  secuestra con sentencias bastardas. Con dignidad cuestiona la ilegítima ambición que lo alindera. Ante la justicia indigna  responde con  paciente sabiduría, con inquebrantable humildad, con  inteligencia cultivada, y con ejemplar fortaleza nos dicta su exigencia de resistir con dignidad. Leopoldo es el símbolo de la dignidad

La fortaleza de Leopoldo es su fe en Venezuela. Su fortaleza tiene la claridad del saber que está del lado correcto de la historia, al lado de su pueblo. Su fortaleza nos da la honra de la esperanza. Y esa fortaleza, que el centra y concentra en Lilian, en su familia, en su gente, su pueblo, su partido Voluntad Popular, nos guía pero  también nos delata, porque nos está diciendo que él está preso pero libre y nosotros libres pero presos. Que estamos presos y que nuestro presidio tiene la misma dimensión de Venezuela. Que tenemos país por cárcel. Que todos estamos presos: Presos de la violencia en las calles. Presos de la  escasez en los mercados. Presos del hambre en las casas. Presos de la muerte en los hospitales. Presos de la injusticia en los tribunales. Presos del horror en las cárceles. Presos de la impunidad del abuso en los sótanos policiales. Presos de la nostalgia por los exiliados. Presos del desamparo social  de los ancianos. Presos de la angustia de las madres ante la inseguridad que amenaza a sus hijos. Presos de  la indefensión de los jóvenes torturados. Presos del olvido de los perseguidos. Y el peor presidio, el del silencio de los justos. Entonces la fortaleza de Leopoldo en su prisión, nos obliga a  vernos tal cual somos y estamos: presos en nuestro insilio pero fortalecidos con su ejemplo de ser libre en la cárcel. Leopoldo es  símbolo de fortaleza

Leopoldo es el símbolo y  los símbolos son libres, no hay cárcel para apresar un símbolo. Leopoldo es libre mientras  su pueblo es prisionero de la angustia del sobrevivir encarcelado en el sufrimiento colectivo, confinado al gueto del terror, conviviendo en la noche de este tiempo de sombras y oscuranas desatadas en favor del mal. Tiempo de la sombra que tiene ya marcado su final, cuando la voluntad libertaria del pueblo en busca de horizonte se constele con la señal del olivo, enviado desde el faro de la fe por el líder prisionero en la torre. Augurio de renacer que nos envía Leopoldo con pasión por su patria, y que nos compromete a persistir en liberar  el corazón de Venezuela que palpita en Ramo Verde. Leopoldo es el símbolo y  los símbolos son libres, no hay cárcel para apresar un símbolo. Leopoldo es  el símbolo, en ello le va su vida, expone su vida, se juega su vida, se aferra a su patria, hasta hacer que  el corazón de Venezuela habite en Ramo Verde. Venezuela es  su pasión. Leopoldo es símbolo de esa pasión que se llama Venezuela

Su testimonio es la lección del ahora para el pueblo prisionero. Pueblo que sigue al líder en la torre, iluminando con resistencia digna, faro de fe  que augura como el ramo de olivo, que llegaremos con la voluntad libertaria a la mejor Venezuela. Leopoldo  desde la celda de la dignidad, nos   envía  en sus frases,  la bitácora del viaje al decir: Hermanos Venezolanos Llénense de Fe. Llénense de Fuerza que ya viene la mejor Venezuela. Debemos convertir toda nuestra indignación en acción. Fuerza y Fe Viva Venezuela!

Y Leopoldo, coherente en su bondad, nos entrega además la más noble  lección, la lección  del perdón, porque desde la cárcel libera de culpa a sus carceleros al perdonarlos. Entonces como bien dijo Nelson Mandela, sus opresores reciben en su perdón el alivio del peso de su opresión.  Leopoldo es símbolo del perdón.

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