Los cuatro presos políticos españoles de Maduro

ANDREINA ITRIAGO, 14 AGOSTO 2017 I El mundo.es

Desde que comenzó la oleada de protestas de este año, la cifra de presos políticos se ha multiplicado casi por seis en Venezuela. De los 117 que contabilizaba la ONG Foro Penal Venezolano antes de abril, pasaron a ser 676, este viernes. El martes, las Naciones Unidas, al denunciar el uso generalizado y sistemático de fuerza excesiva y torturas en Venezuela, aseguró que sólo en los cuatro meses de manifestaciones en contra del Gobierno deNicolás Maduro, unas 5.000 personas habían sido detenidas de forma arbitraria y, de ellas, más de 1.000 seguirían detenidas. Seguramente en esa cifra aún desconocida, y cada día creciente, de presos políticos hay nuevos venezolanos con ascendencia española. Sus nombres se sumarán a los de al menos cuatro que el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y otros no han podido rescatar con su criticada mediación en el conflicto venezolano. Estas son sus historias.

Andrea González: la repostera ‘canaria’

Tiene 31 años, estudió en Tenerife, donde vive su familia, y hace 6 años regresó a Venezuela.

Andrea González ya no prepara bizcochos. A veces los dibuja o los hace en cerámica. Pero en el espacio en el que se encuentra detenida desde hace dos años, esta repostera hispanovenezolana ya no puede cocinarlos.

Comparte con otras dos mujeres una habitación de 3×4 metros. Sin ventanas ni baño. Sólo una litera, una cama, una columna y una reja. Por ahí sale Andrea para ver cada semana al único familiar que tiene en Venezuela o para recibir algo de sol. Pero cuando en el país hay protestas contra el Gobierno, como ahora, no puede hacer ni lo uno ni lo otro.

Participó activamente en las manifestaciones de 2014. En esas protestas conoció a Liana Hergueta. Vivían en la misma zona y se hicieron amigas. También conoció a José Rafael Pérez Venta, a quien tildan de «patriota cooperante» o delator del Gobierno. El hombre asesinó y descuartizó a Hergueta y después acusó a Andrea y a otras tres personas de idear un plan para asesinar a la cantante Daniela Cabello, hija del entonces presidente del Parlamento, Diosdado Cabello. A él le habrían ofrecido 500.000 dólares para matarla.

La italovenezolana Betty Grossi, una de las compañeras de celda de Andrea, está implicada en el mismo caso, como presunta financiadora. Cuando fueron detenidas, convivieron en una habitación de 50 m2 con 31 mujeres que habían cometido distintos delitos. Algunas, según Andrea, tenían enfermedades contagiosas. Todas usaban el mismo baño.

Una huelga de hambre, en diciembre de 2016, las sacó de ahí. Las llevaron a una nueva celda pero Andrea, con 15 kilos menos, seguía en el mismo bloque que el hombre que la acusó. Mas no estaba en las mismas condiciones que él. La familia González ha denunciado que Pérez Venta recibe tratos privilegiados y ha sido visitado por altos funcionarios del Gobierno.

Andrea se despierta tarde para que sus días sean más cortos: «Nada más horrible que un día largo en prisión». A veces, tiene suficientes ánimos para hacer ejercicio o tomar lecciones de guitarra; leer El factor humano, de John Carlin; ver películas en inglés, para mejorar su nivel; o escribir reflexiones. «Por momentos sentimos que un poco más de presión puede quebrarnos», dice desde su celda.

Yon Goicoechea: el letrado que reza

Tiene 32 años, origen vasco y tinerfeño. Es abogado y dirigente de Voluntad Popular.

Cuando detuvieron a Yon Goicoechea, él le pidió a Dios que lo compensara con dos días más de vida por cada uno de prisión injusta. Ya la tierra dio una vuelta al sol desde ese momento. Lo que significa que si Yon recibe su recompensa, vivirá por lo menos dos años más.

Hacía poco más de un mes que había regresado de Madrid. Dijo sentirse más preparado para participar en la reconstrucción del país que lo vio nacer y por el que comenzó a luchar en 2007 como uno de los líderes del Movimiento Estudiantil. No pudo hacer mucho. El 29 de agosto de 2016, mientras viajaba en su coche por una de las principales autovías de Caracas, fue interceptado y detenido por funcionarios armados. El ministro de Interior y Justicia, Néstor Reverol, aseguró que le incautaron 1.325 gramos de explosivos, cordón detonante y material subversivo. Su abogado, Nizar El Fakih, cuestionó la veracidad de las supuestas pruebas y denunció que la detención se había hecho irregularmente.

De la misma manera ha transcurrido su encarcelamiento. Primero estuvo en una celda de 2 por 1.50 metros, sin luz ni ventilación. Tenía gusanos, ropa con restos fecales y decenas de cucarachas. Luego fue llevado a una oficina administrativa en la que había una ventana y mejores condiciones higiénicas, pero debía permanecer en un área muy pequeña durante el día y dormir en el suelo. Y compartir un baño con cientos de funcionarios.

Finalmente fue trasladado a una celda de unos 12 metros, sin entrada de luz ni ventilación, que comparte con tres personas más. Pero Yon no debería estar ahí. Desde octubre de 2016 tiene una orden judicial de libertad, sin que, a la fecha, se haya cumplido. Incluso en julio el defensor del pueblo solicitó públicamente su liberación. Unos días después la ONU hizo lo mismo. También se ha sumado la Fiscalía General de la República, que pidió el sobreseimiento de su caso.

«Nadie puede explicar por qué sigue preso. Es un caso insólito e inexplicable», dice su abogado. Mientras tanto, Yon sigue con su rutina: se levanta temprano, se ducha con un balde de agua y desayuna lo que le lleva su familia. Lee. Hace ejercicio, escribe… Y por las noches reza y llora para no odiar.

Danny Abreu: el chico destruido

Tiene 33 años, estudia Ingeniería electrónica y es hijo de padre tinerfeño.

Este martes, Dany Abreu pasó su segundo cumpleaños en una habitación de la sede del servicio de inteligencia venezolano, en Caracas. No era día de visitas, por lo que no pudo ver a sus familiares. Pero al menos no lo pasó en la misma celda con presos comunes en la que estuvo el año pasado. Lo pasó con otros cinco presos políticos.

En 2015, Dany y Andrea González, con la que arrancan estas cuatro historias, eran novios. Vivían juntos en San Antonio de los Altos. Dany estudiaba ingeniería electrónica. Cuando lo detuvieron por el mismo caso que a Andrea, estaba a punto de concluir la carrera.

El 17 de agosto, después de que funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) se presentaran en la vivienda de la pareja y se llevaran a Andrea, supuestamente para que declarase sobre el caso de Liana Hergueta, Dany recibió un mensaje de texto en su móvil en el que, presuntamente, su novia le pedía que la fuera a buscar a la sede del servicio de inteligencia. Al llegar a El Helicoide, fue detenido.

«Dany fue la persona que envió el correo con la toma satelital (Google Maps) de la casa del diputado Diosdado Cabello a José Pérez Venta, con la planificación y la toma de la casa de dicho diputado, lo que, sin duda alguna, conllevaría a la desestabilización grave de una estructura política fundamental del Estado, como lo sería la Asamblea Nacional, aunado a la gran conmoción social que esto causaría», dice la acusación en contra de los implicados.

El abogado Joel García asegura que esa única prueba fue «sembrada» por los funcionarios del Sebin, quiene habrían pedido a los jóvenes las claves de todas sus cuentas digitales. Por eso y por el retraso procesal en este caso, Dany no tuvo ánimos para hacer nada por su 33º cumpleaños. Ni salir de su celda. Ni siquiera quiso levantarse de la cama. Al día siguiente, su madre pudo visitarlo y le llevó un pastel. «Ten paciencia», le dijo.

Isabel Abreu asegura que antes de llegar a ese lugar, hace dos años, Dany era una persona feliz. Pero, ahora no sólo ha perdido la alegría, también el apetito. Pesa 12 kilos menos. Sueña con volver a casa y ver a sus padres y a su querida madrina, quien emigrará de Venezuela a España pronto.

Ignacio Porras: el testigo de un asesinato.

Tiene 46 años, es catalán de origen por parte de madre, informático y encargado de una lavandería.

Tras haber estado casi un año en la cárcel de El Rodeo II, el hispanovenezolano Ignacio Porras no es el mismo. Ya no es un hombre robusto de 120 kilos. Durante sus primeros tres meses de reclusión perdió más de la mitad de su peso. Tampoco es el mismo psicológicamente. «Está dolido e irritable», dicen de quien solía ser «echador de bromas y colaborador».

De sus vivencias en prisión se sabe que al menos presenció un asesinato. Ahora, desde su hogar en el municipio caraqueño de Chacao, a donde lo trasladaron el 14 de marzo de 2015 por motivos de salud, escribe sobre esas experiencias. Pero sigue preso. Y anímicamente destrozado. «Es una persona a la que le gusta viajar, salir y el encierro le ha afectado», explica su abogado, Rubén Araujo.

En la puerta de su piso, hay dos policías las 24 horas. Dentro lo acompaña Zeus, un bóxer albino que se ha convertido en su amigo fiel. Tiene una hija adolescente pero vive con su abuela. Nacida en Cataluña, Rosario asegura que su hijo «no estaba metido en nada de política». Se encargaba del negocio familiar: una lavandería ubicada a una calle de su vivienda. Era querido por todos en el barrio.

El 14 de abril de 2014, en los mismos 70 m2 en los que ahora se dedica a la mecánica y a reparar cosas, se efectuó a las 20.00 horas una reunión en la que varias personas habrían debatido acerca del comunismo, del socialismo y del marxismo.

Entre los asistentes había dos agentes encubiertas del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas. Grabaron la conversación con sus móviles. Según el abogado de Nacho, no se cometió delito alguno durante la reunión, pero a las 4.00 del 22 de abril allanaron su piso y, sin orden de detención, lo arrestaron junto a otras tres personas que estaban con él. El abogado que los asistió en el allanamiento también fue detenido. Cuatro días después dictaron una orden privativa de libertad contra los cinco y contra otras cuatro personas que supuestamente participaron en una reunión similar en otra vivienda.

Tras ser trasladado de la cárcel a su piso, lo único que ahora le da algo de vida es poder ver, desde un ventanal de su apartamento, El Ávila, la montaña que protege a Caracas pero que no puede proteger a sus habitantes.

Written by 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *