No están solos ni olvidados

LEOPOLDO LOPEZ GIL, 18 Agosto 2017 I El Nacional

La escalofriante historia de presos políticos del régimen de la narcodictadura no pasa por debajo de la mesa, de hecho es una de las causas de mayor peso en el veredicto condenatorio internacional a los gerifaltes rojos que traicionaron la democracia en Venezuela.

Son casi un millar las víctimas de la vil injusticia, algunos superan  13 años en prisión, como el comisario de la Policía Metropolitana Erasmo Bolívar, la mayoría meses desde la inquina desatada luego de la victoria de la representación democrática para la Asamblea Nacional. Son mujeres, militares, docentes, servidores públicos, activistas de derechos humanos, diputados, alcaldes, profesionales y la gran mayoría jóvenes estudiantes menores de 25 años.

Los casos o causas van desde el atrevimiento a caminar en  manifestaciones, entonar una canción, tocar un violín o repartir agua y alimentos a protestantes.

Las razones para su detención poco le importan al dictador, como sus deplorables condiciones tampoco. Los ergástulos pueden ser el Helicoide, Ramo Verde, La Pica o sótanos como “la Tumba”.

Los procesos se disfrazan de la justicia de Kafka o la orden del sargento del Tirano Banderas; son juzgados indistintamente en tribunales civiles, militares o apresados por los infames servicios de ¿inteligencia? militar.

El trato es tan variado que se acomoda al antojo del carcelero, hay quienes alimentan o quienes asemejan a los esbirros de Auschwitz.

Afortunadamente en el país se han organizado muchas buenas voluntades para evitar que el peor enemigo del preso político, el olvido, triunfe en esta tirria infame. Aquí también habitan almas nobles, gente capaz de sentir el dolor del prójimo y compartir angustias. Venezuela no es un país de sátrapas exclusivamente, déspotas, como se ha comprobado en múltiples formas, son una minoría.

Organizaciones como el Foro Penal; Amnistía Internacional en Venezuela; Fundeci; Justicia, Encuentro y Perdón; Projuris; Provea; Observatorio de Prisiones, y Acción por la Libertad son ejemplos de esa mayoría unida que trabaja de forma desinteresada y generosa por los que han tomado la defensa de la justicia como protesta ante la aberración de la tiranía.

El Helicoide será nuestra Bastilla o Rotunda contemporánea. Hoy, abarrotado con más de 350 presos, simboliza la represión extrema, crueldad y odio de una dictadura que por primera vez en nuestra historia mancilla con una bota extranjera, capitaneando la mefistofélica faena.

Hoy tenemos una deuda de honor, reconocimiento a estos pacíficos y discretos, pero incansables luchadores.

Unamos nuestras fuerzas, impulsemos la reconquista de la democracia, potenciemos lo positivo de nuestra sociedad y entusiasmemos a los jóvenes para recuperar lo que en el pasado mereció ser conocido como “el mejor país del mundo”

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