En «Libertad», por Violette Bule

Decidí no salir más de la casa, me había duchado y estaba en el sofá preguntándome cómo era eso de estar en cuarentena, en pleno clímax neurótico con mi teléfono en la mano buscando noticias sobre el corona virus o cualquier distracción. De repente suena mi celular y era un numero de Florida, al atender escucho la voz de una venezolana que hablando de forma acelerada me dice, “Hola Violette, es Anita” Anita es una mujer que trabaja de forma voluntaria para el Foro Penal y que fue a mi estudio a conocer de mí y de mi trabajo. La cuestión es que Anita me cuenta que esta rumbo a un centro de detención donde hay venezolanos recluidos, justo hoy salen en “libertad”, entre comillas porque salen de la cárcel para ser deportados.
Anita pensó que era buena idea que yo fuera, entonces, no cuestioné romper mi voluntaria cuarentena para viajar una hora y treinta minutos en dirección a una cárcel que queda más allá de Woodland en Texas.
Para mi sorpresa, al llegar al área de Conroe te das cuenta que es un complex penitenciario de cárceles privadas, varios edificios de un solo piso todos de color marrón representaba un centro de reclusión distinto de la misma empresa.
Hoy, un día pleno con mucho sol y nubes, con tanta luz que no parecía un día apocalíptico de virus y zombis, pero contrastado con una excesiva cantidad de círculos repetidos de alambre de púas, unos encima de otros sobre las cercas que rodeaban esas cajas oscuras y atestadas de quienes sufren el infortunio.
Ahí estaba Anita junto a otras dos venezolanas de esas que tienen muchos años viviendo aquí en Texas, ellas trajeron empanadas y cachapas para esperar a los que en cualquier momento saldrían. Entonces, abrí la ventana sin ánimos de bajarme del carro, y menos de presentarme por temor al fuckin virus; sin embargo me bajé del carro porque para mi no hay de otra. Saludé a Anita y de inmediato una de las venezolanas me dice: “Hola, yo fui la que te trajo la prorroga de tu pasaporte desde Caracas”, me quedé perpleja y la otra venezolana la interrumpe y dice mientras come una empanada: “Hola, yo soy Erika ¿quiéres una empanada?” Yo sonreí y le dije, “qué sorpresa” y ella me respondió: “Este mundo es bien chiquito” y antes de poder hacer el gesto de asentir a su comentario Anita dice, “si vale, ella es Violette la fotógrafa de la que les hablé”. A todas les di la mano y no me comí la empanada.
Mientras ellas me seguían hablando “que si su hija estudia fotografía, que le mande el volante del curso, que con lo del virus y la falta de papel toilette se siente Houston como Caracas, que esos policías fastidiosos les encanta meter miedo”, mi cabeza no dejaba de pensar en, “Qué bolas, es Geo Group, estoy en frente a una de las cárceles de ICE, de las que tanto he estado hablando en los últimos 5 años”. Claro que de inmediato quería sacar mi cámara y tomar fotos de ese cielazo, con las tres banderas erectas y hondeadas tras las múltiples rejas, la de Texas, la de USA y la de Geo Group, pero no podía, teníamos un policía en un carro detrás de nosotras y otros dos a los lados, ellos también en carros y nos vigilaban, además un montón de cámaras de seguridad por todas partes. Por supuesto hice fotos guillaitas con mi teléfono, y capturé algunas imágenes.
No podíamos bajarnos del carro, solo Anita podía bajarse y caminar hasta la puerta del frente, la cual sonaba con una carga fortísima de electricidad cada vez que se abría.
Son las cárceles que trabajan para ICE (Geo Group y CCA), hay 800 venezolanos en distintas cárceles privadas de los Estados Unidos, venezolanos capturados en la frontera después de cruzar el rio. Quién sabe cuantos capturados habrá en México.
“Ahí vienen” escuché, y los vi, eran 6 venezolanos, uno se arrodillo al salir al exterior, tomé mi celular y comencé a grabar, los pusieron en fila y Anita los esperaba afuera. Ya vendrían hacia acá, a mi se me aceleraba el corazón y se me calmaba, así con la emoción inestable. Finalmente, estaban aquí, nos bajamos de nuestros carros y Anita en pleno entusiasmo les dice “bienvenidos a la libertad” los saludamos, pero faltaba alguien más que venia lento, cuando la vi era una señora con un bastón, una doñita venezolana, una abuelita que salió preguntando por sus hijas, le dimos la mano a todos, ellos sonreían y daban las gracias, las mujeres del Foro Penal les dijeron “ya vamos a ir al aeropuerto pero antes, les trajimos empanadas, arepas, cachapas, y cocosette”, de pronto se armó la fiesta en el estacionamiento de la cárcel privada de Geo Group y todos olvidamos que estábamos ahí ya echando vaina, haciendo selfies, celebrando el 31 de diciembre con los vecinos. Hasta que una negra muy fuerte y no precisamente de Naiguatá con madre e garganta nos gritó: You can’t do this! This a parking lot! This is private space! You gotta go NOW!
Yo llevé a Jasón al aeropuerto, el dice que cuando vio al Border Police se entregó a ICE sin resistencia, que no tiene idea que va a hacer en Venezuela, que su papá y toda su familia esta aquí.
Y cuando le pregunte: Por qué no te dieron asilo, me contestó: “la deportera y la juez me dijeron que en mi caso, mi futuro en Venezuela no corría riesgo”.
Dejé a Jasón en el aeropuerto, tiene 19 años recién cumplidos, los cumplió adentro, en el penal el 22 de Febrero, de Maracaibo con su acento fresquito, pasó 8 meses preso un mes incomunicado, 14 días en la perrera, 22 días en distintas neveras, el resto del tiempo en la cárcel, Jasón dice que lo que mas odiaba era que lo trataban como un criminal.
(Con admiración, a estas tres mujeres del Foro Penal.)

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